Publica el diario monárquico y artrítico por excelencia, ABC, una noticia que si bien la cojo con pinzas, no me extrañaría nada su veracidad dados los tiempos que corren hacia atrás.
En un colegio de Sitges, a un alumno de 5 años le han puesto un círculo rojo (pegatina de ese color, no el delicioso bollito relleno de chocolate) en las notas por “no participar en conversaciones utilizando la lengua vehicular del centro”.
Según sus padres el niño llego a casa compungido y pregunto a sus padres “¿Qué he hecho mal mami?”, frase esta remarcada en negrita para llegar al corazón más duro del lector. No me pitorreo de esto, de hecho estamos acostumbrados gracias a tele 5 y antena 3 a reporteros ansiosos de lágrima fácil que convierten un corte de luz en una lucha por la supervivencia.
El artículo presupone que el alumno no hablaba en catalán en el patio y de ahí la amonestación. Yo no voy tan lejos, no se si seria en el patio, en la clase o en el retrete.
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| Las notas del alumno |
Promoción de los productos regionales y la marginación de los nacionales en tiendas y supermercados. Multas por rotular carteles en castellano. Participación de la selección catalana en competiciones internacionales. Inmersión lingüística general. Funcionarios del resto de España que no pueden trabajar allí si no saben catalán y un larguísimo etc.
Los educadores saben que a los padres apenas se les puede enseñar nada pero a los niños…los niños son esponjas, sobre todo si se les estigmatiza con respecto a sus compañeros, bien lo saben en las ikastolas de muchos pueblos vascos.
Supongo que un perro obediente con la carrera de magisterio ha decidido seguir los dictados de su amo y le ha endosado al nene el puntito rojo en el informe. Este habrá sido el moderado, alguno habría que sugirió ponerle la pegatina roja en la chaqueta, idea tomada de un ciclo de películas de Spielberg que vio en la casa de la cultura de su pueblo.
El niño, por mucho que ahora le digan sus padres, va a esforzarse en hablar catalán para que sus “profes” no le regañen.
La inmersión lingüística es una fábrica de paletos a gran escala. Como lengua para decir “Pere, No ho vull fer sense condó” o “Voldria carn de porc, siusplau” está bien. Lenguaje de estar en zapatillas, vamos. Pero para moverse por el mundo va un poco escasito.
A estas alturas de entrada para muchos lectores sensibles ya estaré enjaulado en la zona de los animales catalanófobos pero nada más lejos de la realidad. Nada me gusta más que encontrarme compatriotas por Norteamérica y los catalanes se llevan la palma hasta límites casi surrealistas como estar en una catarata perdida, fuera del circuito turístico, apenas con dos o tres personas más y aparecer un autobús repleto de catalanes o volar a Alaska en un avión con no más de 60 pasajeros 15 de los cuales eran catalanes. Y el español, nuestro idioma, nos une en útiles conversaciones sobre que ver y donde comer, entre otros asuntos. Pero claro, dudo mucho que los catalanes viajeros que me he encontrado y los catalanes viajeros que no me he encontrado pusiesen un punto rojo a alguien por un motivo que no fuesen malas notas o mal comportamiento.Me encantaría tener una lengua propia; Lo digo sin retintín. Si la tuviese la cultivaría en familia o con los amigos. Es algo que nunca se debe perder. En mi comunidad autónoma no tenemos, salvo que expresiones como “Dabuten” o “Achanta la mui” se consideren parte de una lengua propia. Pero todos sabemos que el fin de la inmersión lingüística (o inversión lingüística, según se mire) alentada por los políticos no es el sano perpetuar de la lengua y sí motivos más obscuros.
Para terminar, espero sinceramente que dejen a los niños ser niños en paz y esos abusones se metan si se atreven con los de su edad, los votantes.


























